Pablo Simonetti. La Razón de los amantes (Planeta 2008) PDF Imprimir E-Mail

La razón de los amantes (Planeta 2008)
Pablo Simonetti
Pablo Simonetti muestra en La razón de los amantes (Planeta, 2008) cómo un matrimonio se ve tentado a romper las convenciones sociales. Aquí, los personajes se arriesgan a tomar otros rumbos sin saber si tienen la naturaleza necesaria para salir airosos a estos cambios.

Correo: Antes Chile se mostraba como un país conservador, ¿cuánto ha cambiado esto?

Pablo Simonetti: Yo creo que Chile está cambiando a una velocidad perceptible en términos de valores o de libertades del individuo. Es una sociedad que respeta más la autonomía o la independencia individual. No sé si a nivel político aún, pero en la sociedad como un espacio extensivo de costumbres se está respetando a las personas que se separan, que son gays o que viven una situación particular en su vida íntima.

C: Digamos, ya no se siente ese juicio moral.

PS: Sí, y por ejemplo han bajado la cantidad de matrimonios, las parejas ahora conviven antes de casarse. Las parejas homosexuales viven a la luz pública, ya no se desarrollan en un contexto de secretos. Y en general, la gente sale del clóset a los veinte e incluso antes. La gente de mi generación salía a los veinte seis o los veintisiete años. En consecuencia, todo esto me parece positivo, el peligro es que los derechos individuales y la inclusión social terminen por convertirse en un individualismo salvaje, en un egoísmo desatado.

C: En ese sentido, la novela representa ese conflicto a través de la vida de sus personajes: Laura, Diego y Manuel.

PS: Sí, porque tanto Laura como Diego son personas que en este cambio de valores se han protegido a través de una especie de armas sociales. Por ejemplo, Diego con su seducción y con su cinismo. Además, aparte de ser un individuo autónomo usa al otro para sus fines. Laura también de alguna manera, pues ella no sólo ama a Manuel sino que lo usa y también pretende usar a Diego. Es una mujer manipuladora, ambiciosa, arribista. Entonces, diría que el único en esta relación de tres que conserva un grado de humanismo y que respeta a los demás como se respeta a sí mismo y los mira de igual a igual y que siente que los demás son humanos y que primero están los sentimientos y su amor, y que después están sus intereses es Manuel.

C: Pero es el más vulnerable.

PS: Sí, es el más vulnerable y el más ingenuo. Sin embargo, creo que hay que saber enfrentar el cambio de valores sin convertirse en un cínico y en un egoísta, pero tampoco permaneciendo ingenuo. Por eso hay que encontrar ahí un nuevo plano de entendimiento donde el respeto al ser humano sea primordial, porque lo que ocurría antes era que el respeto por el ser humano venía con el humanismo cristiano, pero también venían incluidas todas estas restricciones a nuestra individualidad: que teníamos que estar casados para toda la vida, que no podíamos ser homosexuales, o que la mujer tenía que estar subyugada al poder del hombre. Todas estas situaciones, que han cambiado, le dan al individuo mucha fuerza, pero se genera a la misma vez como una especie de competencia animal, como una lucha por la supervivencia entre individuos que no se apoyan entre ellos, que no hacen clanes y no pueden formar una colectividad.

C: Se convierte en una sociedad selvática, una sociedad poco solidaria.

PS: Claro, y es que antes vivíamos protegidos por nuestro entorno social, por nuestro entorno de familia y eso se ha acabado. Ahora cada uno de nosotros tiene que, como decimos en Chile, rascarse con sus propias uñas. Y como decía, por una parte me parece muy bien y estimulante esta sociedad que crea nuevos individuos, nuevas capacidades y hace que las sociedades sean más potentes, pero al mismo tiempo puede redundar en una situación de individualismo que deriva en egoísmo y además en soledad, por la incapacidad de crear relaciones humanas de respeto e igualdad.

C: Algo peligroso, porque no podrían fluir con naturalidad los sentimientos genuinos, puros. ¿Dónde quedarían los sentimientos de amor en un contexto así?

PS: Yo creo que en ese sentido las relaciones de pareja están amenazadas hoy por una fuerza que es muy movilizadora, pero que también puede ser muy destructiva: la idea de futuro. La ansiedad que provoca el futuro y el miedo que provoca el futuro. Por ejemplo, la manera que tienen las parejas de protegerse es creando un espacio conocido, un mundo rutinario donde ellos pueden llegar y saber qué va a ocurrir. Es decir, un espacio-control, donde obviamente tiene que haber calidez y receptividad en el sentido del desarrollo de la persona. Por una parte, las parejas se protegen así, pero al mismo tiempo nos estamos quitando la posibilidad de cambiar, de evolucionar como personas y como pareja.

C: ¿Y qué se puede hacer para no caer en el abismo de la mediocridad sin perder nuestros sentimientos?

PS: Pienso que la solución en esto es la búsqueda de la intimidad, pero de una intimidad viva, que no esté muerta, que no esté rasgada, que no sea repetitiva. Porque si uno logra tener intimidad viva con una persona, puede conservar esa relación en el largo plazo y puede realizarse en la pareja, y puede llegar a tener una tranquilidad existencial más allá de las satisfacciones que le puede pedir al mundo. Además, yo soy un ferviente defensor de la pareja y si se logra esa consolidación, la pareja significa un espacio, un apoyo, una seguridad y una ampliación de horizontes. Pero la pareja con los viejos paradigmas no puede resolver la situación en la que hoy estamos.

Manuel Eráusquin

 
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