El amor no es solo 'hétero' PDF Imprimir E-Mail

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Boris Izaguirre sonríe delante de un helado. Sus finas maneras avergonzarían a cualquier dama egresada de una academia de etiqueta. Parece un tipo delicado, pero cuando habla nadie lo detiene. Es macho, tan macho como cuando besa a su marido y se siente felizmente casado, y felizmente gay. Vive en España, no en el Perú. Tampoco en Venezuela, su tierra natal.

A Boris muchos lo recuerdan como el tipo que besó a Jaime Bayly. Ese beso lo hizo famoso aquí pero, en el mundo, Boris es más que esa anécdota y otros besos en pantalla.

Las canas, a veces, tienen una explicación. Las de este venezolano, base 4, parecen gritar al mundo que ya no solo es el showman que irrita y cautiva con sus provocaciones y desenfados. Boris llegó a Lima como un novelista en serio, finalista del importante Premio Planeta. Dice que cada día ve su libro más gordo. Villa Diamante está sobre la mesa. Y él no sabe si disfrutar su helado o las 490 páginas que le salieron del alma y que, por si las moscas, precisaremos que nada tienen de gay.

Se te relaciona solo con la literatura gay.
Existe una cultura gay y no me molesta ser parte de ello, pero creo que el sexo no debe ser tan importante como para definir completamente una creación, un trabajo o una obra.

Es como la mal llamada literatura de mujeres.
Igual de horrible. Cuando quieres hacer un trabajo muy importante y amplio, de más lectores, evidentemente tienes que escribir una historia heterosexual. Es curioso eso. Es discriminatorio. ¿Por qué no puede ser tremendamente masiva una historia de amor gay?

¿Por qué no puede ser?
Se supone que no es el discurso mayoritario. Se asume que la mayor parte de las personas no pasa por esta opción sexual. La mayoría supuestamente es heterosexual, ¿de verdad? Quién dijo que así era.Se ha asumido así y punto. El amor no es de un solo tipo. Hay muchos tipos de amores. ¿Por qué una historia de amor gay no puede ser leída por 10 millones de personas?

Difícil que cambie este panorama.
No, nunca cambiará. Es como el criterio predominante. Se dice que el amor es solamente heterosexual. A mí me choca. Durante toda mi adolescencia me moría por ver un hombre besando a otro, pero eso no lo encontraba ni en el cine, ni en la televisión, ni siquiera en las canciones. Las canciones no eran sobre un chico y un chico que se querían, sino sobre una chica y un chico. Por eso, las películas de temática homosexual las veía ocho veces. Es que iba a ver el beso, el que nunca podía ver.

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Dice Boris, seguro en broma, que abrió los ojos y ya sabía que era gay. No le creo. Pero suena bien. Tan sencillo. Algo superior a él le gritó que no era lo que había asumido. Y fue lo que quiso ser. Su padre rompió el hielo así: "Pero si siempre lo hemos sabido".

Ser gay en Venezuela, como en el Perú, es -a veces- un lío.
No solo en nuestro continente. En los cincos continentes. Pero, en Venezuela, especialmente, fue horrible. Nunca tuve novio en mi país.

Los chicos -cuenta- eran clóset totales. Algo que a él lo irritaba tremendamente. Él quería enamorarse, besar y tener novio. En España, Rubén le demostró que ennoviarse no era nada extraordinario. Su anillo de casado brilla en su mano blanquísima. En Venezuela, como en el Perú, esta historia, esta fama, estos ojos complacidos con su suerte, quizás habrían sido imposibles.

-Yo no quiero volver más a Venezuela. Jamás me he sentido cómodo allá. Estoy entre las 50 personas más importantes de Venezuela y no entiendo cómo. Lo agradezco, porque sé que para ellos es importante decírmelo, pero no he hecho nada importante en Venezuela. Todas mis cosas las he hecho en España. A lo mejor eso es lo que me hace importante. En Venezuela nunca pude hacer nada.

¿Puedes escribir peleado con tu marido?
No, para nada. Por eso me he prohibido pelear. Además, él siempre tiene la razón. Yo hago cosas tontas como decirle: 'Jaime ha venido, me quedo en su hotel'. Y tiene razón de enojarse por una cosa así, ¿por qué voy a fastidiar nuestra normalidad?

Algunos te recuerdan como el novio de Bayly
Un beso no hace novio a nadie. Me hubiera encantado serlo, pero no fue. No descarto la posibilidad tampoco. Estoy casado. No sé el estado civil de Jaime, pero lo adoro. Es un amor, un amor más grande que la literatura, la televisión, que Miami y Madrid. Es amistad pura. El beso fue entre dos amigos, ya mayores de edad, con sus carreras bien ubicadas y con personalidades bien construidas que, de pronto, decidieron besarse, algo que nunca habían hecho. Yo lo veo como una cosa de varones. Dos machos besándose.

Dicen que la homosexualidad es un show, el pasaporte al éxito, la última moda.

Si así fuera, la heterosexualidad sería un show eterno. Lo que es un show es el sexo.

¿Por qué llama la atención tanto el sexo?
Porque a la Iglesia se le ocurrió decir que no era bueno, y es todo lo contrario. El sexo es buenísimo, pero la Iglesia ha venido atormentando a la gente durante mucho tiempo, diciendo que el sexo es solo para procrear. El sexo es gusto. Un helado es un gusto, una novela, como Villa Diamante, te da gusto. Besar a alguien, acostarte, experimentar. No hay nada de malo.

¿El sexo nunca fue un problema para ti?
Jamás. Nunca. Si me excitara tanto con alguien, al punto de adelantar la eyaculación, simplemente le diría "vamos a descansar" y, luego, lo volvemos a intentar. El sexo no es ningún problema.

Un escritor me decía que las lesbianas, a diferencia de los gays, están escondidas.

Son invisibles. Han optado por estar protegidas de esa manera. No sufren la persecución del gay, pero permanecen escondidas, obligadas a parecer invisibles, porque estorban o incomodan, es algo muy duro. Cuando yo empecé a ser famoso, me criticaron que estereotipara al homosexual, por mi pluma y mi estilo gritón, superficial y en constante fiesta. El asunto es que yo soy una fiesta todo el tiempo. Al fin, creo que he normalizado la imagen del homosexual. Una persona con éxitos y penas. Las lesbianas tendrían que encontrar a un Boris.

¿Qué es mejor: estar fuera o dentro del clóset?
No me gusta la idea de estar fuera o dentro, pero no puedes mentir y mentirte toda la vida. No lo puedes postergar toda la vida. Mientras más rápido, mejor. Además, te aseguro que te vas a encontrar con gente divina.

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El 7 de febrero de 2006, Boris se casó. Dice que es lo mejor que le ha pasado. Y ahora mira la copa de helado vacía. Ya son dos, pero podrían ser más. Boris y Rubén piensan en serio en una familia con niños. Le menciono que un periodista importante de estos lares sugirió que no era bueno para un niño ver a dos papás con pipís. Ahora, su mirada es un huracán. Qué se le va a hacer. Por lo menos, él es felizmente gay. Y, encima, casado.

 Esther Vargas/ Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla

Fuente: Diario Peru 21

 
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