Campuzano: "Todos nos hemos travestido en algún momento" PDF Imprimir E-Mail

museo travesti en LimaUna indescriptible combinación de sutileza y materialidad, de máscaras y carne palpitante, de formas femeninas y materia masculina es la sensación que nos deja la irrupción de un travesti. Por ello, la popular voz drag queen reúne la sofisticada anotación shakespeareana de "dressed as a girl" ("vestido como chica") y la brutal contundencia de la jerga inglesa: queen es afeminado, loca.
El 3 de abril se inauguró en el Centro Cultural España de Lima una muestra artística que pretende reivindicar no solo la seducción del travesti como sujeto/objeto de arte, sino también una historia del Perú en clave travestida. Desde la ambivalencia sexual de la figura mítica de Manco Cápac hasta las tapadas limeñas, desde los ritos andinos de complementariedad sexual hasta las devotas travestis de Sarita Colonia, desde los negros convexos hasta las chinas diablos, las figuras se multiplican, pero dejan la misma estela.
Esta exposición, que finalizó ayer, 14 de abril, produjo vértigo entre los espectadores. No es sólo que se cuestionaron allí los roles tradicionales de género o se reivindicó una identidad sexual en perpetua transformación, sino que se logró transmitir la convicción de que lo travesti es una categoría descriptiva y modelizadora de nuestra historia y nuestra sensibilidad. La mutabilidad y la transfiguración son las claves de la cultura que nos articula. Por ello, todo peruano es un travesti potencial.
Giusseppe Campuzano es el artífice de este proyecto (el museo funciona desde 2003, y este año se editó un libro que cuenta su historia), un artista que tiene como eje de su reflexión el registro de su propio cuerpo travestido.

Entrevista

Terra Magazine: El Museo Travesti del Perú es un manifiesto estético y político. Pero, ¿cuál es su naturaleza y su finalidad?
Campuzano: Lo estético siempre ha sido ético y político. El museo es una necesidad en el peruano, una pulsión, en ese sentido se equipara al Micromuseo de Gustavo Buntix o proyectos como el de Fred Wilson en Estados Unidos. El Museo Travesti es un manifiesto necesario en este reino de la cirugía seriada, la drag queen-anfitriona o políticas turísticas plagadas de estampas vaciadas de sus significados. La travesti es una rabona, un pago, pero no en el sentido occidental de ofrenda-víctima, sino en el de elegir desplazarse de la marginalidad al centro para hilvanar orondas la historia de las travestis, la historia del Perú como travesti en sí misma.

Terra Magazine: Esta arqueología del maquillaje, la máscara y la pulsión sexual ofrece una nueva historia del Perú, la reivindicación de un mundo simbólico y de prácticas sociales silenciadas y oprimidas. ¿Cómo actuar para que este gesto radical no se convierta -una vez más- en la celebración inocua de la diferencia, en la plástica convivencia con la multisexualidad?
Campuzano: La naturaleza de lo travesti implica la imposibilidad de ser asido, lo travesti es transformación y no-integración social, es sexualidad en su sentido ritual: hipertelia, investidura y sátira. Cada montaje del Museo Travesti plantea un nuevo travestismo. Un museo iluso, sin presupuesto ni colección ni local, integrado por piezas ajenas, travistiendo a su vez esas otras colecciones visitadas. Esta colección es un espacio virtual donde no se tiene que prescindir de una obra ante la imposibilidad de adquirirla, que debe conversar con cada nuevo espacio real dispuesto a albergarlo momentáneamente. El Museo Travesti es también archivo de las fuentes más disímiles, desde obras de arte hasta recortes de periódico chicha. Es un diccionario. Es portátil, ya que acaba de ser publicado. La presentación de este primer libro ha sido la restitución, luego de cinco años, de aquella información vasta y ordenada a sus orígenes: el suceso del cuerpo masculino ataviado por un ropaje otro. Desde el chamán originario hasta la trabajadora sexual, desde cuadros vivos a intersecciones donde terapeutas posmodernas (costurera, chamán, peluquera y trabajadora sexual travestis) y una fiesta patronal hicieron uno lo performático y lo sagrado por un instante al producir el espacio travestidor.

Terra Magazine: En todo el libro se destaca la naturaleza performativa del travesti, la capacidad de articular dolorosa, pero también gozosamente lo antagónico y lo complementario. El travesti se instala como un ángel, un mediador entre el cuerpo y el no cuerpo, entre el deseo y lo prohibido, entre lo sagrado y lo secular. Desde tu experiencia como investigador y como travesti, ¿quién es un travesti?
Campuzano: Todos lo somos, deconstruyendo una idealización ajena, para, aun siempre bajo un nombre, construir la propia. Mencionas dos principios filosóficos incas: la oposición complementaria y la mediación. Lo travesti es esa contradicción y ese medio explicitados (performatividad). Todos nos hemos travestido en algún momento, pero lo travesti es el manifiesto permanente de este mecanismo identitario, no del cambio de hombre en mujer sino del viaje, la travesti es el Jesús, o el Odiseo, que vemos cada anochecer acicalando una esquina. Respecto de mi investigación y travestismo, mi cuerpo es ofrenda y mi reflexión mediación para ampliar el campo semántico de aquello travesti, para travestir el discurso museal.

Terra Magazine: Como en casi todos los países latinoamericanos, en Perú conviven tibias políticas públicas de reconocimiento de las sexualidades alternativas con arraigadas prácticas privadas y homofóbicas y patriarcales. ¿Cuánto nos falta para convertirnos en una democracia que defienda plenamente los derechos de todos sus ciudadanos? ¿Qué hacer para reconocer en el travesti nuestra propia posibilidad?
Campuzano: Políticas públicas tibias y fobias radicales existen en todas partes. Gobiernos como el británico reconocen la transexualidad y su seguridad social cubre la reasignación de sexo, no sin antes establecer la disforia del individuo; así, la travesti debe confesar su condición perturbada para que el gobierno obre a su favor, diría Michel Foucault. Así la fobia instituida estorba su ejecución en los hospitales públicos, por lo que muchos terminan realizando el procedimiento en un hospital privado. Finalmente la mujer transexual queda librada a su suerte en una sociedad donde tampoco hay espacio para ella. La democracia peruana está embelesada con los simulacros de progreso que el mercadeo y la macroeconomía proveen. Es uno quien defiende sus derechos: estableciendo su espacio dentro de la familia, discutiendo el Perú como sociedad civil, fundando un museo...

Marcel Velázquez Castro
Terra Magazine

 
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